BOSNIAK 1era parte


PRIMERA PARTE

La noche cubría de lleno el llano, la luna bañaba de plata el sombrío arroyo que bajaba de la montaña Mautz, un viento helado esparcía las hojas ocre de los maples de alrededor en el amplio jardín, los grillos le cantaban a las estrellas, quienes tintineaban en respuesta. Las luces de las farolas aún conservaban combustible en su interior, y la gruesa mecha permitía resistir la amenaza del viento, la luz reflejada en los espejos de las farolas alumbraban el largo sendero desde la entrada hasta la residencia, pasando por el lago que formaba el desemboque del río, el cual en alguna parte del fondo permitía el curso de éste por el interior de la tierra, grandes extensiones de pasto se encontraban pobremente bañados por los rayos de la luna. Las sombras de las rocas danzaban al compás del baile de las llamas de las farolas.

La copa del árbol en el que se encontraba, daba indicios de rendirse ante las fuertes embestidas por las ráfagas, en varias ocasiones le obligaron a buscar el equilibrio, haciendo que sus garras se clavaran en la madera de las enramadas, así como poner en posición de rompe vientos a sus alas. Llevaba ahí en cuclillas con los brazos cruzados más de 3 horas, su mente no sentía el frío que a su cuerpo embargaba, pues su mente estaba en total labor de repasar todo lo que había hecho, todo lo que lo había llevado a tomar aquella decisión. Ahora se encontraba a un centenar de metros de distancia del lugar donde su última carta de ella le pedía verlo, que fuera su regalo de cumpleaños, pues ya no soportaba más su ausencia.

El golpeteo incesante de las ramas superiores sobre su cabeza le hiso volver en sí y darse cuenta que solo restaba menos de una hora para el momento de verla, verla por última vez, verla enclaustrar lo que queda de su corazón y rechazar su pertenecía. Era hora de cambiar de apariencia, ella no podía ver en que se había convertido. Afortunadamente aún recordaba el ritual para regresar a su estado humano que le había enseñado el viejo Azcaab. Que será del viejo, ahora que los Insignia Rojos sabían su posición, lo único que anhelaba es que su muerte fuera lo más rápida posible.

-¡Mucha palabrería Bosniak, espero funcione el ritual, si no estás perdido!-

De un salto se dejó caer al suelo, una caída de 5 metros fue sopesada por el abatir de sus alas, cerró los ojos, abrió de golpe sus alas lo más que pudo, pegó sus piernas y sus brazos a la línea media de su cuerpo, repitió el conjuro en los tres idiomas, pidiendo con ello a los tres mundos el permiso de recuperar su forma humana. Un golpe de adrenalina invade su cuerpo, la presión en sus alas es insoportable, pero logran luxarse y pegarse entre ellas, de un golpe se introducen a mitad de su espalda, dicho movimiento lo obliga a flexionarse hacia atrás. Al terminar se ve impulsado hacia adelante y una fuerza descomunal lo hace caer de rodillas, un destello se abre de su pecho, sus ojos se abren de par en par, su rostro se dirige al firmamento, y un rayo cae sobre él, convirtiéndolo en un ser de plasma, su boca se abre y un grito de horror engloba toda la región, tan solo oculto por el estridor de los relámpagos. Una lluvia cae sobre su cuerpo obligando a su cuerpo pasar nuevamente de estado, conforme el agua impregna su cuerpo sus ojos pierden el brillo y contacto con el manto celeste.

Una película de agua cubre todo su cuerpo, y de entre ella emanan bello, barba, pelo, cejas, bigote y cabello. De su pecho revive un resplandor que lo envuelve en una cápsula de luz.

Bajo la lluvia anda, los primeros pasos que realiza dejan una estela de fuego en la tierra a pesar de que se inunden de agua a los pocos segundos. El agua ah mojado de nuevo su cuerpo, a pesar de la ropa que lleva puesta. Por primera vez después de lo que pareciese años vuelve a sentir el viento en su cara, el agua golpear su piel con la fuerza de un pétalo de rosa. Al llegar al lugar en ocasión, admira el reloj que se encuentra frente al lago y detrás de una banca de roble, es ahí donde bajo las lagrimas de la naturaleza el perderá la poca humanidad que queda en su corazón, aquella banca será testigo mudo ante su encuentro. Mantiene la mirada clavada en aquella banca, la madera despide un olor penetrante a pino recién cortado, con sus dedos realiza un símbolo sobre la tierra por debajo de la banca, el cuál después de terminarlo sopla sobre él, para terminarlo pasa en sentido contrario al vaho exhalado por su boca su mano izquierda. Un hilo de lumbre recorre la totalidad del símbolo, fundiendo inmediatamente la arena y chirriando por el contacto de las gotas frías… ah quedado grabado firmemente el sello.

Se sienta sobre aquella banca, bajo la lluvia incesante que cae sobre su cabeza, los regueros de lluvia resbalan por su cara y se encharcan en los huecos que su ropa crea, sus manos están sobre las rodillas, sus pies canturrean un ritmo incesante, chapoteando en los charcos bajo sus pies. El baile de las gotas sobre el lago lo hace perder la noción del tiempo, queda sumergido en un velo de nada.

Por la ventana superior izquierda del 2do piso, una luz se enciende, pero para Bosniak pasa desapercibido. Un relámpago hace presencia, desencadenando su furia en un poste de luz, ocasionando alumbrar todo el jardín con chispas de mil colores. La residencia se queda inmersa en una oscuridad total, la calefacción deja de funcionar, el frío comienza a percibirse en todos los rincones de la casa. En la habitación un grito de miedo invade a una muchacha, quien por unos segundos queda inmóvil frente al espejo, con el cepillo de mano en tres cuartos de su cabello. Las luces multicolores que llegan de el choque del relámpago en el poste se reflejan en el espejo, lo que ocasiona que ella se asome apresuradamente por la ventana, su mirada se fija en el poste de luz que no deja de crear cabellos multicolores de longitudes variables, estaba admirando ese espectáculo luminoso cuando el generador hace explosión, inundando el lago de incandescentes pedazos de metal caliente y restos de madera calcinada.

En el recorrido que hace por ver el espectáculo que dio el generador su mirada topa con la figura de una persona sentada en la banca, solo basta agudizar un poco la vista para darse cuenta de que él se encontraba en el lugar donde lo había citado. Lágrimas nacen de sus ojos, se desarrollan por sus mejillas y mueren sobre sus pechos. Aquellos que tantas veces fueron acariciados por las manos de él, aquellos que probaron la sensación de su lengua rodeándolos y sus manos cubriéndolos totalmente, mientras les otorgaba una presión que lejos de lastimarlos los endurecía. Sea cual sea el argumento o pensamiento que la invadiera él se encontraba allí, esperándola, pagando a cada minuto bajo un frío y lluvia el tiempo que ella lo esperó.

Ella dejó de mirar por la ventana y se dirigió al armario, su pijama cayó al suelo, dejando desnuda su espalda y su frente, los hilos de frío y la falta de la calefacción terminaron por erguir sus pezones, así como erecta el fino y dorado cabello que los cubría. Un escalofrío bajó por toda su espalda, obligándola a sacudirse. Tomó el primer sostén que vio recargado en la silla frente al tocador, dejó caer los pantalones que llevaba y el chisporroteo multicolor que invadía el jardín iluminó aquellas respingadas y firmes posaderas, las cuales cubría un bikini de satín negro. Se subió unos jeans deslavados que se encontraban debajo del sostén y de un golpe se metió una blusa morada de cuello alto y manga larga, tomó del closet una chamarra y corrió a su encuentro.

Las puertas dejaron escapar un chillido al friccionar las bisagras oxidadas, su piel no tardó en empaparse bajo la lluvia que caía, le tomó un momento llegar jadeante al lugar donde Bosniak se encontraba. Él al mirarla correr a él, se levantó y puso firme su cuerpo al ver que ella de un salto se abalanzaba hacia él, un abrazo caluroso los unió, ella lloraba sobre su oído, sus lágrimas se confundían con el reguero de agua que bajaba de su frente, sus gemidos se perdían bajo la ropa empapada de Bosniak, él la mantenía entre sus brazos, pero mantuvo los ojos en la laguna. El separó su cuerpo de ella obligándola a separar ella su cabeza, inclinó un poco su cabeza para admirar sus ojos y ella en respuesta fundió sus labios con los de él. Bosniak cerró los ojos, para disfrutar de aquella tersura que sus labios le otorgaban, la humedad de su boca invadiendo la suya, el calor de su respiración sobre su labio superior.

Los ojos de ella se entreabrieron para ver si él disfrutaba de aquel beso, y al asegurarse de que él se había perdido en sus labios, se dio cuenta de que la lluvia ya no caía sobre ellos, que las gotas de agua resbalaban a metros de ellos formando una cúpula sobre ellos, ella no tomó importancia de aquello y cerró nuevamente los ojos, dejándose perder en aquel beso eterno que tanto anhelaba.

Javier ‘-,,-‘ Toledo

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