BOSNIAK 3ra Parte


Aquella cúpula recreada por el conjuro, les brindaba toda protección necesaria para resguardar su encuentro. Las palabras no eran necesarias, el calor de los brazos rodeando sus cuerpos era suficiente, la respiración de ella en su oreja le aventaba a un mar de recuerdos, aquellas tardes lluviosas abrazados, aquellas tardes que jamás volvería a presenciar … o eso creía él.

 

-No sabes lo mucho que te he extrañado, me haces mucha falta, ¡te amo!, ¿Dónde estuviste?

-Donde nunca buscaste, bajo la piedra que pisan tus pies.

-No digas eso, que me duele.

-Ahora si duele y no mientras yo lo decía.

-¿ah eso has venido?, tanto tiempo y ¿así será?, discutiendo y ¿tu negativo?

-Tú decidiste, yo lo anhelaba.

-Y ¿Porqué no cambias tu actitud?, ese fue el motivo que me llevó a dejarte.

-Si eso te hace mejor persona lo lamento, la vida no es para los cobardes. Debes arriesgar para aprender, pero si ganas sin apostar esa fue tu decisión.

-Mira cambiemos de tema, ven abrázame. que he …

-No, me has visto te he visto. Es suficiente.

 

La cúpula poco a poco se desvanecía. Las gotas lentamente caían. Ella lo veía pero no lo sentía, quiso tomarlo pero lo traspasaba. Inerte se quedó la imagen, él la miraba y sus manos otorgadas a ella en posición de tomarla de las manos ya no tenía vida. La cúpula desapareció y las gotas a su paso borraban la imagen hasta que la eliminaron. Ella lloraba bajo la lluvia, su corazón sangraba por medio de sus ojos. Él posado en el árbol convertido en la bestia la contemplaba en la lejanía, cuando abrió su boca ella lo oía.

 

-Mientras creas en mí podré ayudarte. Olvídame y no podré buscarte.

 

Al abrir sus ojos se dió cuenta que la lluvia no la mojaba, volteó a su casa y un camino seco conducía hasta ella. El viento sentía pero no la mojaba, una energía lo impedía. Caminó y llegó a la puerta, se volteó a la banca y el camino no existía. Cerró sus ojos y apretandolos habló.

 

-Ven, déjame verte de nuevo. Por favor.

-Te escucho cuando te dirijas a mí, no puedo ayudar a tus hijos, ni a tu esposo, solo a tí. Si mueren yo los guiaré pero no salvaré.

-¡Pero qué clase de sueño es este! ¡Maldición!

 

Se metió a la casa y se durmió. Una bocanada de fuego despidió de su boca y arrasó el sello grabado. Había perdido su corazón, quien sin él el sello no eliminaría. El odio lo consumía, la venganza y muerte lo recorrían. El ejército rojo se acercaba era tiempo de volver. Por lo que dio un salto y se desvaneció en el aire. Un fuerte aire tronó la rama en donde se posaba, de las heridas que sus garras crearon brotaba fuego que se dispersó y quemó a su paso. Devastada la zona ella murió calcinada, no tuvo salida las llamas la rodearon.

Javier ‘-,,-‘ Toledo

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