Preámbulo
En sus ojos que hipnotizan y esos labios que llaman a besarlos. Aquellos pechos que dar de beber desean junto a esa cintura que abrazar solicita no es sino un comienzo de un trasero tan respingón como este gran amor de un servidor. Ese sexo ensombrecido, resguarda un tesoro, dueño de placer y acidez que despiertan comportamientos indecentes ante tal dama … ante tal mujer.
Javier ‘-,,-‘ Toledo
This entry was posted on 19 noviembre, 2014 at 14:12 and is filed under Escritos Metacarpianos. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.
Deja un comentario