Editorial Novaro


Editorial Novaro fue fundada en 1949 por Luis Octavio Novato, hijos de inmigrantes italianos. Luis, el mayor, nació en 1899 en la Ciudad de México. De gran visión empresarial, trabajó en el Universal, fue dirigente de PIPSA y director de La Prensa, cuando se volvió cooperativa. Ahí permaneció hasta principios de 1949, cuando tuvo diferencias con Mario Santaella, quien era gerente de la cooperativa y el cual se negaba a publicar historietas. Octavio, por su parte, nació en 1910 en el mismo lugar que su hermano. Titulado en derecho, también fue dirigente de La Prensa y La Prensa Gráfica. Con un gran gusto por la poesía, mientras su hermano mayor se enfocaba a llevar con mano dura las riendas del negocio editorial, él se enfocaba en cuidar los contenidos de las publicaciones, exigiendo un total y absoluto respeto al idioma español, esta combinación dio un gran resultado en el producto final..

En 1941, la familia Novaro cerró un trato con la compañía Walt Disney para la publicación de cuentos ilustrados y para iluminar, con los personajes de dicha empresa. Así que, en 1949, cuando los hermanos salen de La Prensa, su primer paso fue publicar los cómics de la famosa casa de animación norteamericana, y en octubre de ese años aparecieron en los puestos de periódicos Historietas de Walt Disney y Cuentos de Walt Disney, que tuvieron un éxito inmediato.

En 1950 continuaron con personajes animados y salieron a la venta la historieta de Bugs Benny, bautizada como El Conejo de la Suerte y Tom y Jerry. La impresión a color en revistas de buen tamaño fue un cambio notorio para el público mexicano, sobre todo el de clase media, un poco temeroso de comprar a sus niños historietas de corte más popular como Pepín o Chamaco. En 1951 surgieron las primeras historietas serias con Tarzán y El Llanero Solitario, sin dejar a un lado lo infantil con La Pequeña Lulú. En marzo de 1952 salió a la venta Superman y en febrero del 54, Batman. Tosas ellas obteniendo ventas considerables.

Editorial Novaro  salió con tres sellos diferentes, con los que publicaría sus historietas durante más de 10 años: SEA (Sociedad Editora América), enfocada a títulos de humor y aventureros; ER (Ediciones Recreativas), especializada en el género superheroíco y fantástico; y Novaro donde publicaría el material nacional y algunas historietas contenedoras (es decir, diferentes cómics bajo un mismo título). Hubo un par de sellos de muy corta duración como Alegría, donde se publicaron Pepita y el Gato Félix, y EMSA (Ediciones Modernas) donde se llegaron a publicar La Pequeña Lulú, El Llanero Solitario y Tarzán, que luego pasarían a SEA.

En 1954, Novaro publicó su primer producto nacional: dentro de las páginas de Pepita salió en marzo, Vida y Amores de Jorge Negrete. En septiembre de ese mismo año apareció una de las cabeceras titulares de la editorial: Vidas Ejemplares, donde se narraban la vida de Los Santos. Poco a poco fueron apareciendo otros títulos realizados en el país, como Vidas Ilustres (1956), Leyendas de América (1956), Aventuras de la vida real (1957) y Epopeya (1958), entre otras.

Al apliar su campo editorial, Novaro publicó colecciones de cuentos infantiles, álbumes de estampas e inclusive, libros de bolsillo de corte policiaco, ciencia ficción o fantasía, y realizaba trabajos por encargo para los gobiernos en turno o campañas educativas.

Para 1960, Novaro ya era un imperio editorial: tenía un acuerdo con la marca Scripto para desarrollar y comercializar artículos de escritorio, eran los accionistas principales de la Librerías de Cristal, imprimían 12 millones de ejemplares al mes, con 40 títulos norteamericanos y 15 realizados en México, y vendían más de 700 mil libros infantiles de sus colecciones. Sus ventas se calculaban en 170 millones de dólares, lo que representaba el 1% del Producto Interno Bruto del país. Y como cereza en el pastel, les fue otorgada la impresión de los Libros de Texto que, por primera vez, serian entregados a los estudiantes por órdenes del entonces presidente Adolfo López Mateos, con la supervisión de Jaime Torres Bodet, secretario de Educación Pública. El negocio iba viento en popa.

Esta bonanza empresarial atrajo el interés de grandes inversionistas, así que en 1963, Luis Novaro hizo un aumento de capital de la compañía, lo que ocasionó que su hermano Octavio, al no ser avisado, quedara reducido en su participación accionaria. Esto generó una ruptura familiar, y se incorporaron como nuevos socios de la compañía, la Western Publishing Company, tenedora de una gran cantidad de derechos de historietas norteamericanas; Bruno Pagliai, empresario y bibliófilo italiano nacionalizado mexicano; un tercer asociado, cuyo nombre se ocultó en su momento, pero que al paso del tiempo salió a La Luz; Miguel Alemán Velasco, hijo del expresidente mexicano; y Rómulo O’Farril, dueño del periódico Novedades y la empresa norteamericana Time INC. Fue ratificado como director de la editorial, Richard Small, de excelentes resultados, Pagliai, director ejecutivo y Luis Novaro, presidente de la compañía.

En 1964, Novaro vendió sus acciones y fundó Ediciones Litúrgicas, Editoria EL y Editora Cultural y Educativa, aprovechando sus lazos con Novaro para la distribución e impresión de sus publicaciones hasta 1969, cuando Luis murió a causa de una enfermedad hepática.

Con sus nuevos dueños, la editorial empezó a tomar nuevos vuelos. Lo primero que hicieron fue unificar todos los sellos editoriales en uno solo: Grupo Editorial Novaro S.A. de C.V. Usaría las siglas EN – Editorial Novaro – en la esquina superior derecha de todas sus publicaciones. Miguel Alemán y Rómulo O’Farril eran ejecutivos de la naciente empresa Telesistema Mexicano, lo que a la postre se conocería como Televisa. Uno de sus primeros pasos fue asociar la marca con uno de los referentes infantiles más populares del momento: Chabelo, el cual, a partir de 1967 tuvo su programa dominical que se llamaba EN familia con Chabelo, utilizando el lago de Editorial Novaro en la imagen del programa y teniendo secciones de consursos específicas para las publicaciones de la editorial.

En el afán de ampliar mercados, abrieron a finales de los años 60 una gran planta de impresión en Panamá y un centro de distribución en Colombia, lo que le permitió llegar a toda Latinoamérica sin mayores contratiempos. El edificio de la Calle 4, en Naucalpan de Juárez, fundando en 1953, había crecido a un tamaño espectacular y ya era considerado el más grande de América Latina.

El equipo editorial dirigido por Cardona Peña, con escritores como Gonzalo Martré o dibujantes del nivel de Carlos Neve, Mariño o Rubén Lara, le dieron una fuerza a las revistas realizadas en México. A revistas culturales como Grandes Viajes, Mujeres célebres, Vidas ejemplares, Vidas ilustres, entre otras, llegó uno de los mas grandes éxitos de la editorial: Fantomas, basado en el personal francés de principios del siglo XX, creado por Marcel Allain y Pierre Souvestre. La versión mexicana tuvo cambios significativos con respecto a su similar francés: si el original era un asesino serial, la versión mexicana presentó a un Robin Hood moderno, avecindando en París, viviendo en una fortaleza con todos los lujos y teniendo como asistentes a bellas mujeres que utilizaban los nombres del zodiaco. Esta versión, creada por Guillermo Mandizábal y con la gráfica de Rubén Lara, aparecería en la cabecera de Tesoro de cuentos Clásicos, en donde meses antes de habían adaptado a cómic las novelas originales francesas.

Fantomas fue un éxito de ventas, y su fama fue tal que hasta el famoso escritor argentino Julio Cortázar escribió una historia del personaje llamada Fantomas contra los vampiros trasnacionales.

El fondo editorial de Novaro parecía inacabable: historietas infantiles como Gasparín, Periquita, Domingos Alegres; los diferentes títulos de Disney; aventuras como Tarzán, Hoppalong Cassidy, Roy Rogers, superhéroes como Hulk, Superman o Batman e inclusive románticas como Sus Secretos del Corazón, aparecieron en miles de puestos de revistas conformando un catálogo de casi cien títulos mensuales. Tratando de conquistar el mercado español, Novaro empezó a publicar en aquel país álbumes tipo europeo, empezando por una versión italiana de Tarzán, luego continuaría con títulos como Jess Long, Natacha la azafata, Las guerreras azules o Las aventuras de Yoko Tsuno, estos acompañados por libro-cómics que recopilaban historietas de Supermán, Batman, El Spirit y el mismo Fantomas, amén de personajes infantiles como La Zorra y el Cuervo o Lorenzo y Pepita.

Todo indicaba que el coloro editorial era imparable, pero como siempre ocurre, el mal vino desde dentro: Richard Small fue sustituido por John Wissman, el editor literario ahora sería Luis Guillermo Piazza y Raúl Navarrete sustituyó a Cardona Peña a mediados de los años 70. Una de sus primeras decisiones fue que, en lugar de tener un título en formato de cómic norteamericano, ahora habría tres formatos: Avestruz: respetando el tamaño norteamericano de 28 cm x 13 cm y que reiniciaría la numeración utilizando el prefijo 3, y reimprimiría antiguas historietas; Águila, que continuaría con la numeración de todos los títulos con el prefijo 2, y sería tamaño media carta; y Colibrí, de un cuarto de carta, reimprimiendo los títulos más antiguos y usando el prefijo 1 en su numeración. Su siguiente paso fue aumentar el tiraje de una multitud de libros, enciclopedias o colecciones que poco o nada se vendieron.

Para finales de los 70, el negocio presentó grandes fracturas: había fraudes millonarios, malos manejos administrativos, exceso con los tirajes de libros que no vendían lo suficiente y cuentas por cobrar que ascendían a 20 millones de dólares. Todo esto le costó la cabeza a Wissman y a su equipo. Para 1983 la situación era insostenible y la editorial fue vendida a Rivas, Lacayo y Sanchez Navarro, un grupo de inversionistas que trataron de recuperar lo que quedaba del antiguo imperio. Poco pudieron hacer: pasaron de 2 mil a 600 empleados en muy poco tiempo, En 1985 lanzaron un nuevo título: Jonah Sex, pero ya no habría remedio. Con más de 24 millones de deudas por cobrar a Panamá y 3 millones a las diferentes subsidiarias a Latinoamérica, la editorial se vio obligada a cerrar sus puertas el 12 de diciembre de 1985, justo después de la tradicional misa dedicada a la Virgen de Guadalupe. Los empleados fueron liquidados con máquinas de escribir, artículos de oficina y materiales varios y en algunos casos con dos toneladas de revistas por cabeza.

El último número publicado por la editorial fue Superman 1537, el 26 de agosto de 1985. En la portada tenía una imagen genérica de licencia del superhéroe enfrentando a su enemigo Brainiac.

BIBLIOGRAFÍA:

  • Apuntes de Historieta ·38. Luis Gantús.
  • Novaro: El globo infinito. Alfons Molina.
  • Mitos y monmitos. Irene Herner.
  • Cuando Bruce Wayne se llama Bruno Diaz. Jorge Gardenia
  • Documental Novaro: El Coloso mexicano. Andrés Pardo.
  • Https://lasillarota.com/opinion/columnas/2017/3/22/el-derrumbe-de-la-prensa-337581.html
  • Apuntes de historieta ·39 por Luis Gantús.
  • Novaro: El globo infinito. Alfons Molina.
  • Mitos y bonitos- Irene Herner.

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