La piedra también llora
Nací condenado al precipicio, donde se pierden las humanas galas. Soy sin duda autómata del vicio, y mi destino es fatal ave sin alas. Quién cuando me muera, llevará a mi sepulcro una flor, si he de morir como vivo, sin ventura y sin amor. Quien dolorido a mi tumba, irá su llanto a verter. Si vivo nadie me ah querido, muerto quien me ah de querer. Y cuando yo haya muerto, no me lloren a gritos; no se vistan de negro, ni me alumbren con cirios; ni sometan a fúnebres honras mi frígido cuerpo; ni tampoco me esculpan en mármol epitafios que yo no merezco. Quiero sólo una lágrima, que nacida en el pecho, humedezca los ojos, de un amigo sincero. Y brote un suspiro, más liviano que el céfiro, de alguna que se duele en secreto y después un pedazo de tierra, una cruz y por Dios, un recuerdo.
Estrofas de autor anónimo, parte de una canción de Alvaro Carrillo

23 junio, 2010 a 15:46
no cambias…
23 junio, 2010 a 15:51
Porque lo dices?